Opinión

Derecho al voto

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Por : Edelmiro Castro Sedano 

Pronto se sabrá a quién elegimos mayoritariamente los mexicanos como presidente o presidenta de la república y así conoceremos que tan enterada, informada o documentada está la ciudadanía por cuanto a lo que representan los partidos políticos en nuestro país y también se podrá evaluar la ignorancia y manipulación de que fue objeto en esta campaña electoral.
Cada candidato, o candidata, representa a un grupo de poder en nuestro país y en esa lucha se están enfrentando los que ya están y quieren seguir estando en el poder, aunque lo estén ejerciendo de manera pésima y en el fondo igual a los que ya estuvieron; Los que ya estuvieron y desean regresar al poder, nostálgicos del ejercicio antidemocrático, totalitario y autoritario, además los que han conocido parte del poder y desean conquistarlo para seguir el disfrute de las mieles de las canonjías, el fuero y el derroche de recursos. O tal vez la esperanza de que mejore la situación lleva a la ciudadanía a darle la oportunidad a los que apenas conocen el poder y ofrecen un cambio verdadero.
 Ya sabemos que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos reconoce y concede el derecho a votar y ser votado de todos los ciudadanos, solamente que para que sea real y efectivo ese derecho, los políticos lo secuestraron y condicionaron a que sea miembro de un partido político  para que pueda ejercerlo, de lo contrario no se reconoce su triunfo en caso de lograrlo.
Por ello es importante e impostergable que dentro de la reforma política que se propone, se contemplen las candidaturas independientes y nuestro derecho a participar como candidatos a cualquier puesto de elección popular sea verdaderamente efectivo y sin restricciones.
Así también que sea aprobado el plebiscito, la consulta popular y la revocación de mandato para que sea el pueblo quien verdaderamente mande en los asuntos públicos y en caso de notar que la autoridad en turno  está desentendiéndose de sus obligaciones o simplemente no trabaja para el bienestar colectivo, como la actual administración de Raúl Tovar aquí en Iguala, mandarla a su casa y  proponer a otras personas que tengan verdadera vocación de servicio.
En nuestro caso, los dos candidatos a la presidencia municipal de Iguala, por el PRI y PRD, con verdaderas posibilidades de triunfo, en su discurso le ofrecen al electorado realizar un cambio en la fisonomía de Iguala y de sus comunidades, cada quien a su manera pero con argumentos que parecen convincentes. Esperemos que no sean como las promesas de un enamorado a su amada que le ofrece hasta el cielo, la luna y las estrellas, allá ella si lo cree.
Igualmente sucede con el electorado, con la ciudadanía con derecho a votar, que escucha cada una de las propuestas de los candidatos y corresponde a ellos y ellas poder distinguir qué ofrece cada uno y lo que realmente es viable o posible, sobre todo con el panorama tan oscuro que  se vislumbra en el actual manejo de la administración igualteca porque vemos la ausencia del gobierno en los servicios públicos como  el pésimo servicio de recolección de la basura,  la nula atención en los semáforos, la abundancia de hoyancos y baches en todas  las calles de la ciudad, la venta  descarada de los espacios públicos como el zócalo, el monumento y calles céntricas, aumentando el comercio informal.
Pero lo más preocupante es la deuda a los proveedores, que ya mencionan hasta la cantidad acumulada de adeudos que irremediablemente dejará el presidente de la hormona veloz.
Es ahí donde debe llegar la imaginación y la credibilidad de la ciudadanía que escucha que alguien le dice  que va a arreglar y hasta se va a bañar en el río san Juan. No basta con quererlo y desearlo, hay que hacer estudios y presentar proyectos viables, posibles, reales; a veces no basta con tener amigos políticos sino saber dónde tocar la puerta y en qué momento preciso, para que se abra, escuche, apruebe y tramite oportunamente en bien de la colectividad y no para que se luzcan los parientes.
Hay más qué hacer, mucho más. Sólo hay que iniciar y dejar huella. Y para ello saber qué hacer primero, si lo importante, lo necesario o lo imprescindible.
“La mitad de una larga marcha es el primer paso”.

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