Opinión

En la democracia se gana o se pierde

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Por : Marcelino Miranda Añorve 

“Las tarjetas de Soriana, no tienen, no tuvieron y no se les puede cargar dinero”:
Humberto Fayad, director corporativo de Soriana
Después de que el IFE, dio a conocer     los resultados de candidatos a cargos de elección popular federal: Presidente de la República, senadores y diputados, es incongruente la actitud de no reconocer dichos resultados por Andrés Manuel López Obrador ex candidato presidencial del Movimiento Progresista. Ello me recuerda, cuando en nuestra infancia en mi tierra natal Ometepec, jugabamos a las canicas: Si un niño le ganaba a otro, decía el niño perdedor que le había hecho trampa y si le tocaba ganar en otra ocasión, entonces sí no decía nada.
Claro así pasa entre niños. Entre adultos quien acepta las reglas del juego, sabe a lo que le tira. En la democracia se gana o se pierde y más aún cuando la diferencia es arriba de tres millones de votos.
Las reglas del juego en la democracia mexicana, se encuentran establecidas en una normatividad basada en la Constitución General de la República, el COFIPE (Codigo Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales) y leyes complementarias que debemos respetar y cumplir, sino en nada contribuimos a fortalecer el estado de Derecho. Dentro de esa normatividad se inscribe el IFE que tiene a su cargo la preparación, organización, conducción y vigilancia de las elecciones federales. Y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación en donde se administra la justicia electoral, cuando las elecciones son cerradas que no es el caso de las elecciones del 1o. de julio pasado.
Es importante subrayar que días antes de la elección del domingo 1º. de julio, los cuatro candidatos firmaron un Pacto de Civilidad en el cual expresaron su voluntad libre y sin presiones, de acatar los resultados de dicha contienda electoral. Esa aceptación es un hecho consentido y en el campo del derecho hay jurisprudencia al respecto.
Por tal motivo, no tiene justificación jurídica, ni política la actitud de no reconocer los resultados de la eleccion del 1º. de julio.
Resulta interesante decir que en las dos últimas elecciones presidenciales, la diferencia no fue tan amplísima como en esta ocasión. ¡Veamos! En el 2000, Vicente Fox obtuvo 15 millones 989 mil 636 votos (42.52%); Francisco Labastida, 13 millones 579 718 sufragios y Cuauhtémoc Cárdenas, lo apoyaron 6 millones 256 mil 780 electores. El PRI con madurez política, aceptó el resultado!
Las elecciones del 2 de julio del 2006, se realizó en un clima de tensión por la cerrada competencia de la contienda en la que Andrés Manuel López Obrador del PRD- PT-Convergencia, obtuvo 14 millones 756 mil 350 votos (35.33 %). Felipe Calderón del PAN 15 millones 284 sufragios (35.89%) y Roberto Madrazo por el PRI, 9 millones 301 mil 441 votos (20.23%). El PRI con alto sentido de responsabilidad aceptó que el resultado le fue adverso.
Ahora que las elecciones fueron las más concurridas, las más vigiladas por los partidos políticos, que técnica y operativamente el proceso electoral fue de excelencia y apegado a la ley. Que el voto diferenciado que se dio en varias entidades indica que los electores votaron según su voluntad y que además los contendientes presidenciables firmaron un acuerdo de civilidad, amén de que de manera clara y precisa, el Sr. Humberto Fayad alto ejecutivo de Soriana, ha declarado que no está involucrada esta cadena comercial con el PRI. Ahora resulta que hubo compra del voto. Claro que en la administración de justicia electoral, las presiones y la beligerancia verbal no son elementos de prueba. Lo ético en política es reconocer que a veces los votos no son suficientes para alcanzar el triunfo.

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