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Hoy en día, cuando la situación económica no está muy boyante...

Por : Alfonso García Velasco 

* Deber o no deber

Hoy en día, cuando la situación económica no está muy boyante que digamos, muchas veces nos encontramos ante el dilema consumir o no, un producto cuya fecha de caducidad ya expiró, con el consiguiente remordimiento, si se vale decirlo así, de tirar a la basura el poco dinero de que disponemos para la alimentación.
Un punto muy importante sobre este tema es que los fabricantes, para no tener problemas de demandas con los consumidores, siempre se protegen al poner las fechas de consumo preferente o de caducidad, cuya diferencia muy pocos interpretan correctamente, por falta de información de los productores o de los organismos gubernamentales que cuidan de la salud pública.
En el caso de la fecha del consumo preferente que vemos en algunos productos, nos indica que después de ella, el producto ya no conserva las mismas propiedades de sabor o beneficio, tal vez lo que pueda ocurrir es que cambie un poco su color, olor u otra característica del producto, pero no es nocivo para la salud.
Tratándose de la fecha de caducidad debe entenderse, hasta cuando el consumo del producto es seguro, éste puede presentar diferentes cambios en su aspecto o cualquier otra característica, pero sobre todas las opiniones, lo más sensato es no consumirlo.
Para poner estas fechas en los envases de sus productos, los fabricantes no lo hacen al tanteo, sino que los someten a diferentes condiciones de almacenamiento y temperatura, simulando un manejo inadecuado que pudieran hacer, tanto los detallistas como el consumidor en los hogares, porque no es lo mismo dejar un producto por largo tiempo en el interior de un auto o cualquier otro tipo de transporte que no reúna las condiciones apropiadas para manejar artículos alimenticios sometidos a condiciones extremas, que llevarlo directamente al hogar o tienda minorista, donde se guardará en el refrigerador o en un lugar apropiado, según el tipo de alimento de que se trate.
Es bueno aclarar que no todos los que venden directamente al consumidor final, manejan adecuadamente la mercancía, algunos lo hacen de una manera irresponsable, sobre todo en los comercios ubicados en zonas marginadas, donde las condiciones de salubridad son pésimas.
Si hablamos de productos lácteos fermentados, que gracias su acidez característica, no son un campo propicio para el desarrollo de microbios patógenos, el riesgo es menor al consumirlos pero finalmente no deja de ser un riesgo muy de tomar en cuenta, por el contrario, si se trata de carne fresca molida o picada, la situación es diferente porque se descompone mucho más rápido y ahí sí, la vida corre un serio peligro. Algunas personas son muy estrictas en las fechas de consumo preferente o caducidad y sin pensarlo dos veces, los ponen directamente en la basura.
Otras en cambio, pecan de temerarias y los consumen sin temor alguno, entre las cuales, algunas la libran sin mayor problema y a otras les va tan mal que llegan al hospital, para con mucha suerte salir caminando a contarlo, aunque otras simplemente no sobreviven.
Con esto queda claro que no todos los organismos reaccionan de igual manera al ingerir productos con fecha de caducidad vencida, a determinadas personas, su pancita les queda sumamente agradecida y muy satisfecha, mientras que a otras les va como en feria, así es de que lo más razonable es no consumir alimentos ya caducos.
¿Usted qué piensa?
topicosdealfonso@hotmail.com

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